miércoles, 25 de febrero de 2015

47: Greatest Hits



Empezamos temprano, y en el desayuno cumpleañero ella quiso saber el top ten de mi vida mientras esperaba el huevo cocido perfecto de manos de un mesero con el tatuaje cubierto por una cinta color carne (es decir beige). Sacó su libretita roja y anotó, a contrapelo del noticiero a todo trapo en el televisor suspendido a nuestras espaldas, los momentos estelares de mi vida, que fueron más de diez, y menos de 47, pero suficientes para llenar una vida.

Recordé, al rebuscar por ellos en mi memoria, el episodio de Lost en el que Charlie, avisado de su muerte inevitable, escribe una lista de sus Greatest Hits. Rockero en decadencia, adicto que elude la redención y encuentra coca en las vírgenes huecas de la isla del humo asesino y los tiburones con código de barras, elude anotar sus canciones, y prefiere los momentos que lo marcaron antes que las melodías. O que hacen esa playlist que es la vida, y que se compone de oneliners que sólo aquellos que nos aman o nos amaron comprende cavamente.

Esta, pues, es la mía.




1. Tú.


2. Mis padres


3. Saris

4. Perlo

5. Leer y escribir

6. Mis amigos

7. La música y las películas


8. Jack Kerouac


9. Los peneques de mi mamá



10. Las caricaturas





11. Barcelona

12. Venado Tuerto

13. Bacalar y la SOGEM

14. Publicar


15. Los blogs


Y ahora, lo que sigue, es explicarlos para el resto de ustedes, nomás por convivir, y para que las cosas se muevan un poco por aquí.

miércoles, 21 de enero de 2015

La estanteria hipótetica

¿Para quién se escribe una novela? ¿Para quién se escribe un poema? Para personas que han leído alguna otra novela, algún otro poema. Un libro se escribe para que pueda ser colocado junto a otros libros, para que entre a formar parte de una estantería hipotética y, al entrar en ella, de alguna manera la modifique, cambie de lugar a otros volúmenes o los haga pasar a segunda fila, reclamando que pasen a primera fila algunos otros.
(...) En todas las épocas y sociedades, una vez establecido un cierto canon estético, un modo determinado de interpretar el mundo, una determinado escala de valores morales y sociales, la literatura puede perpetuarse a sí misma mediante sucesivas confirmaciones y algunas actualizaciones y profundizaciones. Pero a nosotros nos interesa otra posibilidad de la literatura: la de poner en discusión la escala de valores y el código de los significados establecidos.
La labor de un escritor es tanto más importante cuanto más improbable sea aún la estantería ideal en que quisiera situarse con libros que aún no están acostumbrados a estar colocados junto a otros y cuya proximidad podría producir descargas eléctricas, cortocircuitos.

Italo Calvino

miércoles, 22 de octubre de 2014

El reto de los 10 libros

(Agradezco a Olivia Sgarbura y a Carmen Rodríguez Nozal por invitarme al reto, y les pido disculpas por mi retraso, pero este asunto es un tema vital para un escritor… al menos para el que esto escribe.)
Los libros que nos forjaron, nos mueven, nos son necesarios construyen un edificio como la Casa del Cambio de La historia interminable (el más reciente de mi lista): un hogar que muta y mueve sus ladrillos en tanto crecemos y nos hacemos distintos, y nos mueven a ser otros, tentativamente mejores. Esos ladrillos son títulos que emergen a la fachada según la vida nos los hace necesarios en este momento o en el siguiente, o descienden a los cimientos donde permanecen invisibles pero siempre ahí, apuntalando. Habitamos a los libros como quien vive dentro de una parvada, y es el viento en contra quien define qué va a la vanguardia, quién a la zaga, quién calla, quién nos alienta, detrás de qué libro nos escudamos para sobrevivir.
Y tras hacer esa obvia salvedad: esta es la lista de los 10 libros que creo imprescindibles para mí hoy. Al fondo aguardan otros en espera de otras tempestades.
El orden es el mismo en que me llegaron a la memoria.
1. En el camino
Jack Kerouac
“En el camino habría chicas, visiones, de todo… Sí, en alguna parte del camino alguien me entregaría la perla”.
En palabras de Barry Gifford: no es una obra maestra, sino “un libro que mueve a la gente”. Lo leí por primera vez a trozos en la Biblioteca de México hasta que alguien, adelantándose a mis intenciones, se lo robó. Junté moneda sobre moneda de mi sueldo de cajero para el volumen de Anagrama como si se tratase de un boleto a un viaje sin retorno. Y lo fue.
2. Palinuro de México
Fernando del Paso
Una carta de amor de más de 700 página al lenguaje, a la Ciudad de México, a la familia mexicana… e incluye una de las obras maestras del cuento mexicano: “Una bala muy cerca del corazón y otras consideraciones sobre el incesto” sobre el destino de Ambroce Bierce en Mexico a manos de Pancho Villa. O uno de sus muchos y tristes destinos.
3. Matadero Cinco
Kurt Vonnegut
Los cinco bacos (bastardos de cuatro ojos) que cantan en el presente y le ponen voz a los soldaditos que en el pasado emergen del Matadero 5 para contemplar el páramo lunar en que se ha convertido su Dresde tras el bombardeo de los aliadps es una de las grandes escenas de la ciencia ficción que cuenta.
Todos somos Kilgore Trout.
4. The Sandman
Con guión de Neil Gaiman y dibujos de Sam Kieth, Mike Dringenberg y Michael Zulli entre otros.
“—Quiero preguntarte algo. Cuando sueño sé cómo volar: sólo pones un pie en el aire y luego el otro, y mueves los brazos, y ya está. Pero por la mañana ya no sé cómo hacerlo.
—Cuando sueñas a veces recuerdas; cuando despiertas siempre olvidas.
—Pero eso no es justo
—No, no lo es”.
5. El hombre ilustrado
Ray Bradbury
6. La Cruzada de los niños
Marcel Schwob
Este año escribí un cuento sólo para que Estauce pudiera ver el rostro de Allyz. Cuando se lo leí a Gabriela rompí en llanto porque el mar nunca nos devolverá los huesos de los pequeños que ciegos buscaron devolvernos la Ciudad Santa, y con ella la inocencia.
7. El libro del Día del Juicio Final
Connie Willies
Una viajera en el tiempo que, por error, cae en plena época de la Peste Negra… El punto de partida de una novela con engorroso falso suspenso y paja por doquier. Sin embargo, sus últimas cien páginas se leen con el nudo en la garganta que nos ocasiona la verdadera, la luminosa esencia de la esperanza.
8. La Divina Comedia
Dante Alighieri
Fue el primer libro que me hicieron leer en la primaria, el primero que me compraron mis padres con enormes esfuerzos y la primera vez que me enfrenté a la doble caja de “Sepan Cuántos”. El toro de Falaris, la torre de Hugolino, el páramo de hielo donde yace enterrado Lucifer… El Purgatorio y el Paraíso eran tan aburridos que regresé, una y otra vez, a esa caverna en donde los que entran deben abandonar toda esperanza. Y donde Dante, nos cuenta Borges, halló la respuesta en la el Círculo de los Amantes.
9. Los perros de la peste
Richard Adams
La novela más deprimente que he leído en mi vida, pero también (en un sentido estricto) de las que más me ha enseñado sobre el oficio de la escritura. Es decir: ¿Cómo se escribe una gran historia a partir de la fuga de dos perros de un centro de experimentación animal? El conejo que encerrado en la cámara de deprivación sensorial sólo les pide que lo dejen morir, el sacrificio del zorro, el monje que renuncia a su comida para alimentar a los fugitivos “la única persona que les prestó alguna ayuda”, y el último y deseperado nado hacia la inexistente Isla de los Pájaros....
10. La Historia Interminable
Michael Ende
Si a partir del visionado de la infame película de los ochenta creen que esta es una novela para niños que vende muy bien, están equivocados. Si desprecian este libro por esta razón, probablemente ustedes y yo no tengamos motivos para encontrarnos. Si han descubierto (como yo, gracias a Gabriela Damián) que este libro es un tatuaje a dos tintas (verde y roja) sobre la faz de la escritura, y que su sentido define la responsabilidad de leer, de imaginar y de crear, de buscarse a sí mismo en el camino de la fábula y sobre el valor de la fantasía para elegir, entonces no estamos solos.
Bienvenido quien quiera hacer su propia Casa del Cambio.

viernes, 19 de septiembre de 2014

19 de septiembre





"El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y darle espacio”.


Las ciudades invisibles,
Italo Calvino

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El laberinto de los pájaros (cuarta versión)


Te lo digo flotando en las aguas tornasoladas del Gran Canal de Chalco:
Dicen que antes de Zeus y de Dios, los pájaros crearon el cielo volando.
Y quizá tu carne es su trino; y te lo digo mientras dormimos amontonados
En la última pesera que sale de Indios Verdes:
Tu corazón es un nido vacío que ha de llenarse de trinos y flores.
Pero sabes que miento.
¿Quién ha sembrado esta semilla en el mundo? ¿Quién se nutre de ella?
¿Quién nos arranca la luz con este follaje de humo?
Mi padre apretujado en su nicho del cementerio municipal de San Cristóbal
me lo dice al oído: Ahí en esa milpa entre los edificios de la Unidad Habitacional
De Tulpetec se posan cinco garzas blancas. ¿De quién nos guardan?
Allá bajo el puente que lleva a la Central de Abastos, en un islote de ladrillos
un burro y un gallo inmóviles sostienen la mirada a cada coche
mientras entre las pezuñas
les resuman aguas negras. Y todos los perros famélicos que mueren
bajo las ruedas en la López Portillo: ¿Qué fuego nos traían?
“Si supieras cuánto mar”, dicen los gatos envenenados en los basureros de Tultepec,
Las gaviotas que sobrevuelan la efigie gigante de la Santa Muerte de la Gustavo Baz
gritan en el mismo lenguaje de la espuma que anuncia la tierra a los náufragos.
Y sólo nos resta una isla de espuma en el Estado de México.
El gallo que convoca
a la madrugada cuando nos levantamos a las cinco para llegar a los
Ocho y diez (no después): ¿A quién llama?
¿Qué pájaro terrible ha volado sobre el Estado de México,
qué ángel nos ha cerrado los ojos?
Te lo digo mientras me navajeas por diez pesos:
Esta es la flor de mi sangre, estos son los únicos
pétalos derramados sobre el Estado de México.


jueves, 20 de febrero de 2014

El laberinto de los pájaros (segunda versión)



Estaba el Hombre Elefante tomando un té cuando
Jack el destripador acomodó sus cuchillos sobre la mesa del Sanborns:
“¿Sabías que los pájaros ya existían antes de la Creación?
Volaban en el cielo desierto.”
Y el asesino soltó una carcajada como si tuviese un cuchillo reservado
Para cada uno de los pájaros.
Joseph Merrick no responde o responde la parte que de
él es elefante, y que habla el lenguaje de los gorriones hechos de pergamino.
“Vengo de Ciudad Juárez”, sigue Jack, y recuerda la arena que cubre los cuerpos,
las niñas sin un seno cuyos ojos de cristal ya no reflejan el laberinto de los pájaros.
“He estado en Oaxaca, en el Estado de México, En Guanajato…
Tantas mujeres, tantos desiertos por desatar.”
Y ríe como si tuviera un cuchillo por cada mujer: “Puedo hacer de todo este país
Un desierto de ojos de vidrio”.
Da un trago a la Corona y mira la mano de elefante del hombre elefante, la cabeza de marfil hinchado del hombre elefante, el cuerpo de niña con el seno cortado del hombre elefante, el ojo de vidrio del hombre elefante, y con la espuma en el bigote le dice:
“Si hubieras nacido en la India
No serias un fenómeno; te adorarían como a un Dios;
serías Ganesha, el que todo lo sabe, el que baila la Creación.”
El hombre Elefante no sonríe, cierra su ojo sano y recuerda a la Bestia:
El tren que vio pasar desde su casa en Tultepec;
La larga línea de cuerpos abrazados en el techo de los vagones, la piel fundida al sol
de hombres y mujeres aferrados al metal:
un animal hecho de retacería humana.
Por un momento,
a través de su ventana del Infonavit, le pareció que esa trenza de cuerpos sobre el tren
era como él. En su cama comprada a plazos en Elektra
el Hombre Elefante sueña que es todos y cada uno de nosotros
fundidos en el abrazo de la desesperación.
Soñamos aferrados al cuerpo de otro huérfano que somos uno,
el que todo lo sabe, el que baila y crea,
aunque por la mañana hemos de atragantarnos con los huesos
de las palomas y gorriones que cazamos a pedradas.
“Yo invito”, dice Jack el destripador lamiendo sus cuchillos.
“No” le responde el Hombre elefante: “Yo pago mi cuenta”.


Óscar Luviano

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