martes, 4 de agosto de 2015

Ciencia ficción contra divulgación de la ciencia, un axioma de Chimal (Carlos)





1. En el cuento “Las doradas manzanas del sol” (1953), Ray Bradbury lleva a la nave proveniente de una tierra agonizante a los lindes del sol. Para salvar a la humanidad los astronautas rellenan una copa con el energético magma de la estrella. Al poner rumbo de vuelta a su hogar con tal carga, el capitán señala que se dirigen al “Norte”. En la novela Solaris (1961) de Stanislaw Lem, el astronauta que despega hacia un destino del que nadie ha regresado, lleva apretada en su mano la llave de su casa.

Coloco estos dos ejemplos con el ánimo de señalar dos aspectos del subgénero que llamamos “ciencia ficción”: por un lado, su fe en que el conocimiento humano hará del Cosmos una parcela en la que podremos orientarnos con los meros puntos cardinales. Por el otro, la  manera en que la ciencia ficción hace evidente que nos aferramos a las viejas nociones (por pequeños que sean los amuletos que nos brinda) ante el enemigo formidable  que es el Universo a la hora de vender sus secretas leyes.

Entre ambos extremos, la ciencia es la protagonista. La ciencia es el camino, nos dice la CF, pero también la ciencia está limitada por humana, y todo lo que nos queda cuando fracasa es el valor de nuestra humanidad.

O algo así.

2. En ningún caso (fuera de que nos refiramos en concreto a la Cientología) la ciencia ficción ha intentado hacerse pasar por ciencia o por realidad, o ha creído que está por delante de la ciencia.

Hugo Gernsback concibió al género en el primer editorial de su revista Amazing Stories (1926). Ahí estipuló que una buena historia de ciencia ficción se componía de “75% literatura entretejida con 25% de ciencia”.

Quizá este porcentaje estaba en la mente de Carlos Chimal cuando concedió, hace una semana, una entrevista para el sitio Aristeguí Online a propósito de la aparición de su más reciente libro de divulgación científica. 

Al parecer para Chimal (Carlos) la CF no cumple con ese 25% de ciencia dura y es “una tomadura de pelo”, si bien deja claro que los escritores que deseen pertenecer a los “pocos autores valiosos” del género deben incluir “una metáfora”. Nada más una.

La literatura fantástica, ahí mismo, es “otra chifladura”.

3. Como calvo y nostálgico del lenguaje que soy, aplaudo el uso de los epítetos “tomadura de pelo” y “chifladura”, pero me temo que hasta ahí.

Chimal (Carlos) demuestra problemas con lo que entiende por CF y literatura fantástica (a las que aparta la una de otra). Para él, autores como Houllebecq y Rosa Montero “han comenzado a hacer cosas de anticipación científica”. Anticipación es uno de los tantos términos que algunos cultores de la CF han usado para intentar sacudirse la fórmula de Gernsback (al igual que “literatura especulativa” y tantos otros).

Han comenzado a hacer cosas de anticipación científica: hace 5 años que Rosa Montero publicó “Lágrimas en la lluvia”, una continuación de “Blade Runner”, la película de Ridley Scott (vagamente basada en una novela de ciencia ficción “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas” de Phillip Kindred Dick). Michel Houllebecp publicó en 1998 “Las partículas elementales”, que en su tramo final especula sobre la unión de las teorías cuánticas, las nuevas tecnologías y el sexo. Y antes, mucho antes, escribió una biografía/ensayo sobre HP Lovecraft (en ella, hay que mencionarlo, no considera al dandy de Providence un mero pasatiempo).

Para Chimal (Carlos) el prestigio de la ciencia ficción no reside en sus méritos, si no en la altura editorial de los nombres que figuren en la portada: Montero y el francés, como todo autor serio, al tocar la ciencia ficción, la convierten en “anticipación”. 

Eso sin mencionar que no parece muy al día en sus lecturas de autores serios.


4. En realidad, ahora que el futuro nos ha alcanzado y nada es como debió ser (la tecnología no ha salvado al mundo del hambres, y  se va afianzando como una herramienta para el sometimiento y la exclusión), la ciencia ficción es una gran herramienta de discusión científica.

“La ficción especulativa es uno de los laboratorios literarios más productivos y estimulantes. En sus dominios de luz y silicio la ficción se muestra menos temerosa de experimentar con estructuras narrativas, usos del lenguaje y, en algunos casos, la creación de formas comunicativas que permitan contar la historia: desde jergas imaginarias, hasta plataformas para interactuar con la obra”.

La ciencia ficción sabe de sus deudas con la ciencia, pero no hace ciencia (acaso un ejercicio de epistemología). Sus esfuerzos con el pensamiento y el lenguaje van en otro sentido.


5. Chimal (Carlos) no ahonda en ninguno de sus rabioso axiomas. Tampoco da las razones que lo llevan a considerar que Carl Sagan está “obsoleto”. Tampoco profundiza en su certeza de que, en lo que se refiere a la ciencia, “no hay fuga decerebros” en México, (Algo que me parece realmente escandaloso.)

Me temo que el divulgador se ha convertido (involuntariamente) en un ejemplo de los problemas que enfrenta la divulgación científica en medios que privilegian el rating y los clics por encima del contenido. No hay nada que genere más visitas que una declaración políticamente incorrecta (o perfectamente alineada) como afimar que la ciencia ficción es una pendejada. 

El notero eligió un encabezado jalador, y en la entrevista se cuido de evitar menciones sobre la ciencia (que cómo aburre a los chavos, ¡caray!). Al parecer, tampoco tuvo tiempo de ordenar el libre flujo de la ideas de Chimal (Carlos), ni nos dice de qué trata el libro que motivó la entrevista. No cumple con un 25% de periodismo.

Chimal (Carlos) se queja en la entrevista de que no hay clásicos de la divulgación científica. Los hay, claro, pero no hay lugar para ellos en los medios a los que ha confiado su cháchara. Sólo les importa lo que genera trafico: notas sobre los hallazgos de vida en Marte (una vez al mes, por lo menos), más evidencias de que este universo que habitamos es un holograma o la nueva ecuación del cientificojaponésquetrabajóconlaNASA que demuestra la existencia de Dios.

Hace un par de años fuimos a una muestra en el Museo de las Ciencias de la UNAM que exhibía cuerpos humanos plastificados y seccionados para mostrar el juego de músculos y huesos en juego al lanzar una jabalina o dar a luz. Pequeños carteles explicaban someramente los pormenores médicos y anatómicos de cada pieza. Había que acercarse mucho para leerlos. En cambio, grandes frases en las paredes enmarcaban al “milagro” del cuerpo entre consejos de autoayuda y verdades del “corazón”.

La divulgación de la ciencia en México se realiza al dictado de los medios, a su lenguaje y necesidades. De no hacerlo, queda relegada a la tipografía de 10 puntos. 

Es más sencillo hablar mal de la ciencia ficción.




jueves, 19 de marzo de 2015

Sami, un perro clonado

Nunca había leído la obra de Arturo-Pérez Reverte... o tal vez lo he hecho en los espacios y libros de sus autores originales. De manera que me había perdido de toda la gama de lugares comunes sobre la masculinidad más recalcitrante, el esencialismo (los cojones como teodicea), el remix de Dumas (hijo) y los valores de la Hispania bronca con las que el autor de La Carta Esférica (y muchos otros títulos) condimenta su prosa para hacerla, no sé, más vendible y deliciosa para sus millones de lectores. 

Con estos mismos recursos el también académico de la RAE se apropió de un texto de la escritora Verónica Murguía.

En 1998 la autora de Loba había publicado una pequeña crónica sobre los eventos y la comunidad que se había formado alrededor de un perro callejero de su barrio, llamado Sami. El texto puede o no gustar, pero pertenece a su autora.

Poco tiempo después, Saltiel Alatriste (acusado de toda una multitud de plagios contra otros autores en años pasados, al punto de que su nombre se ha convertido en una especie de broma pesada cuando se habla de citas no reconocidas) le pasó, le contó, le enjaretó a Pérez-Reverte el texto de Murguía (esto último no queda claro pues como alter egos de valientes espadachines  uno y otro se echan la bola: Pérez-Reverte como un jefe iracundo y Alatriste como un paladín de la libertad de expresión que enfrenta en un juicio injusto). 

El punto es que el año pasado se publicó un volumen recopilatorio de textos de la pluma adjudicados a Pérez-Reverte sobre perros e hijos de puta o algo así.  Y entre ellos se encuentra "Un chucho mejicano", texto en el que Alatriste y el escritor español se curan en Herradura para contar la misma historia del perro que Murguia, sólo que con pegotes al texto original de la más pura cepa corsaria, al punto de que uno espera que en este remix se desate un duelo en la veterinaria para vengar el ojo suprimido del protagonista.

Murguía ha reclamado el plagio, y pedido de parte de Pérez-Reverte una disculpa y el retiro del texto de su libro, o en su defecto la donación de una cantidad a un refugio para perros. El español pasó de responsabilizar a Alatriste por el entuerto (“Me lo contó Saltiel” ya es un himno que sustituye las nociones de intertextualidad) a calificar a Murguía de irresponsable por hacer público semejante disparate.

Pérez-Reverte ha sido acusado en diversas ocasiones de plagios, no sólo de pequeñas columnas si no de guiones enteros. Sorprende que en la  Real Academia le hayan asignado una letra y no el lugar de la fotocopiadora. 

Para dejar constancia de lo fundado de la acusación de Verónica Murguía, Raúl Herrera realizó un empalme de ambos textos. y la editora Laura Lecuona señaló en esta versión las semejanzas y calcos en el texto de Pérez-Reverte:




No han faltado aquellos que minimizan el hecho con la cantaleta de que Paz plagió a Fulanito y menganito se aguantó, que la copia es un recurso literario validado por Borges, pero estas voces se escuchan cada vez que plagios salen a la luz y siempre que no les ocurren. Otros han señalado que puesto que Alatriste se lo contó a Pérez-Reverte este se encontraba en su derecho de hacer lo que le viniera en gana, según la Ley…

En fin.

No se trata de elegir bandos, si no de leer los textos, ver las evidencias y saber que (otra vez y en este país) alguien con todos los recursos y aliados hace gala de una impunidad disfrazada de orgullo en contra de una autora que sólo pedía croquetas para otros perros tuertos.


miércoles, 25 de febrero de 2015

47: Greatest Hits



Empezamos temprano, y en el desayuno cumpleañero ella quiso saber el top ten de mi vida mientras esperaba el huevo cocido perfecto de manos de un mesero con el tatuaje cubierto por una cinta color carne (es decir beige). Sacó su libretita roja y anotó, a contrapelo del noticiero a todo trapo en el televisor suspendido a nuestras espaldas, los momentos estelares de mi vida, que fueron más de diez, y menos de 47, pero suficientes para llenar una vida.

Recordé, al rebuscar por ellos en mi memoria, el episodio de Lost en el que Charlie, avisado de su muerte inevitable, escribe una lista de sus Greatest Hits. Rockero en decadencia, adicto que elude la redención y encuentra coca en las vírgenes huecas de la isla del humo asesino y los tiburones con código de barras, elude anotar sus canciones, y prefiere los momentos que lo marcaron antes que las melodías. O que hacen esa playlist que es la vida, y que se compone de oneliners que sólo aquellos que nos aman o nos amaron comprende cavamente.

Esta, pues, es la mía.




1. Tú.


2. Mis padres


3. Saris

4. Perlo

5. Leer y escribir

6. Mis amigos

7. La música y las películas


8. Jack Kerouac


9. Los peneques de mi mamá



10. Las caricaturas





11. Barcelona

12. Venado Tuerto

13. Bacalar y la SOGEM

14. Publicar


15. Los blogs


Y ahora, lo que sigue, es explicarlos para el resto de ustedes, nomás por convivir, y para que las cosas se muevan un poco por aquí.

miércoles, 21 de enero de 2015

La estanteria hipótetica

¿Para quién se escribe una novela? ¿Para quién se escribe un poema? Para personas que han leído alguna otra novela, algún otro poema. Un libro se escribe para que pueda ser colocado junto a otros libros, para que entre a formar parte de una estantería hipotética y, al entrar en ella, de alguna manera la modifique, cambie de lugar a otros volúmenes o los haga pasar a segunda fila, reclamando que pasen a primera fila algunos otros.
(...) En todas las épocas y sociedades, una vez establecido un cierto canon estético, un modo determinado de interpretar el mundo, una determinado escala de valores morales y sociales, la literatura puede perpetuarse a sí misma mediante sucesivas confirmaciones y algunas actualizaciones y profundizaciones. Pero a nosotros nos interesa otra posibilidad de la literatura: la de poner en discusión la escala de valores y el código de los significados establecidos.
La labor de un escritor es tanto más importante cuanto más improbable sea aún la estantería ideal en que quisiera situarse con libros que aún no están acostumbrados a estar colocados junto a otros y cuya proximidad podría producir descargas eléctricas, cortocircuitos.

Italo Calvino

miércoles, 22 de octubre de 2014

El reto de los 10 libros

(Agradezco a Olivia Sgarbura y a Carmen Rodríguez Nozal por invitarme al reto, y les pido disculpas por mi retraso, pero este asunto es un tema vital para un escritor… al menos para el que esto escribe.)
Los libros que nos forjaron, nos mueven, nos son necesarios construyen un edificio como la Casa del Cambio de La historia interminable (el más reciente de mi lista): un hogar que muta y mueve sus ladrillos en tanto crecemos y nos hacemos distintos, y nos mueven a ser otros, tentativamente mejores. Esos ladrillos son títulos que emergen a la fachada según la vida nos los hace necesarios en este momento o en el siguiente, o descienden a los cimientos donde permanecen invisibles pero siempre ahí, apuntalando. Habitamos a los libros como quien vive dentro de una parvada, y es el viento en contra quien define qué va a la vanguardia, quién a la zaga, quién calla, quién nos alienta, detrás de qué libro nos escudamos para sobrevivir.
Y tras hacer esa obvia salvedad: esta es la lista de los 10 libros que creo imprescindibles para mí hoy. Al fondo aguardan otros en espera de otras tempestades.
El orden es el mismo en que me llegaron a la memoria.
1. En el camino
Jack Kerouac
“En el camino habría chicas, visiones, de todo… Sí, en alguna parte del camino alguien me entregaría la perla”.
En palabras de Barry Gifford: no es una obra maestra, sino “un libro que mueve a la gente”. Lo leí por primera vez a trozos en la Biblioteca de México hasta que alguien, adelantándose a mis intenciones, se lo robó. Junté moneda sobre moneda de mi sueldo de cajero para el volumen de Anagrama como si se tratase de un boleto a un viaje sin retorno. Y lo fue.
2. Palinuro de México
Fernando del Paso
Una carta de amor de más de 700 página al lenguaje, a la Ciudad de México, a la familia mexicana… e incluye una de las obras maestras del cuento mexicano: “Una bala muy cerca del corazón y otras consideraciones sobre el incesto” sobre el destino de Ambroce Bierce en Mexico a manos de Pancho Villa. O uno de sus muchos y tristes destinos.
3. Matadero Cinco
Kurt Vonnegut
Los cinco bacos (bastardos de cuatro ojos) que cantan en el presente y le ponen voz a los soldaditos que en el pasado emergen del Matadero 5 para contemplar el páramo lunar en que se ha convertido su Dresde tras el bombardeo de los aliadps es una de las grandes escenas de la ciencia ficción que cuenta.
Todos somos Kilgore Trout.
4. The Sandman
Con guión de Neil Gaiman y dibujos de Sam Kieth, Mike Dringenberg y Michael Zulli entre otros.
“—Quiero preguntarte algo. Cuando sueño sé cómo volar: sólo pones un pie en el aire y luego el otro, y mueves los brazos, y ya está. Pero por la mañana ya no sé cómo hacerlo.
—Cuando sueñas a veces recuerdas; cuando despiertas siempre olvidas.
—Pero eso no es justo
—No, no lo es”.
5. El hombre ilustrado
Ray Bradbury
6. La Cruzada de los niños
Marcel Schwob
Este año escribí un cuento sólo para que Estauce pudiera ver el rostro de Allyz. Cuando se lo leí a Gabriela rompí en llanto porque el mar nunca nos devolverá los huesos de los pequeños que ciegos buscaron devolvernos la Ciudad Santa, y con ella la inocencia.
7. El libro del Día del Juicio Final
Connie Willies
Una viajera en el tiempo que, por error, cae en plena época de la Peste Negra… El punto de partida de una novela con engorroso falso suspenso y paja por doquier. Sin embargo, sus últimas cien páginas se leen con el nudo en la garganta que nos ocasiona la verdadera, la luminosa esencia de la esperanza.
8. La Divina Comedia
Dante Alighieri
Fue el primer libro que me hicieron leer en la primaria, el primero que me compraron mis padres con enormes esfuerzos y la primera vez que me enfrenté a la doble caja de “Sepan Cuántos”. El toro de Falaris, la torre de Hugolino, el páramo de hielo donde yace enterrado Lucifer… El Purgatorio y el Paraíso eran tan aburridos que regresé, una y otra vez, a esa caverna en donde los que entran deben abandonar toda esperanza. Y donde Dante, nos cuenta Borges, halló la respuesta en la el Círculo de los Amantes.
9. Los perros de la peste
Richard Adams
La novela más deprimente que he leído en mi vida, pero también (en un sentido estricto) de las que más me ha enseñado sobre el oficio de la escritura. Es decir: ¿Cómo se escribe una gran historia a partir de la fuga de dos perros de un centro de experimentación animal? El conejo que encerrado en la cámara de deprivación sensorial sólo les pide que lo dejen morir, el sacrificio del zorro, el monje que renuncia a su comida para alimentar a los fugitivos “la única persona que les prestó alguna ayuda”, y el último y deseperado nado hacia la inexistente Isla de los Pájaros....
10. La Historia Interminable
Michael Ende
Si a partir del visionado de la infame película de los ochenta creen que esta es una novela para niños que vende muy bien, están equivocados. Si desprecian este libro por esta razón, probablemente ustedes y yo no tengamos motivos para encontrarnos. Si han descubierto (como yo, gracias a Gabriela Damián) que este libro es un tatuaje a dos tintas (verde y roja) sobre la faz de la escritura, y que su sentido define la responsabilidad de leer, de imaginar y de crear, de buscarse a sí mismo en el camino de la fábula y sobre el valor de la fantasía para elegir, entonces no estamos solos.
Bienvenido quien quiera hacer su propia Casa del Cambio.

viernes, 19 de septiembre de 2014

19 de septiembre





"El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y darle espacio”.


Las ciudades invisibles,
Italo Calvino

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Este es el blog de Óscar Luviano. .


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