martes, 22 de marzo de 2016

Work In Progress: Los cerros

Les dijo que tenían que subir a los cerros para zanjar el asunto, y así lo hicieron, y mientras lo hacían les tironeaba un viento libre de humo, saludable, pero de una claridad erizada por  agujas minúsculas; velos helados e invisibles que tiraban de ellos y los hacían tiritar bajo el sudor y el sol de la tarde, anaranjado y coloidal, hinchado por los gases de carbono y cianuro estancados en el horizonte. Era, se dijo el murmillo, ese viento, fiero y en caída libre con el que el zorro y la cantante de extraña lengua habían creado al mundo como le contase Verito. Allá, pues, en las faldas de los cerros de Coacalco soplaba el viento primordial con el que las mujeres habían esculpido al mundo. Ellos, los hombres, como ordenase la efigie de cartón piedra de la Santa Muerte en La Quebrada, subían a escondidas a contrapelo de tal soplo, para jugar a los asesinos.



lunes, 21 de marzo de 2016

Las calles de Coacalco

En el Estado de México, por regla general, las calles terrosas, de pavimento quebrado en islotes de basura y hierbajos, están recubiertas por las huellas de tenis y tacones, de bicicletas y taxis en fuga, de perros vagabundos e ida y vuelta, como si a su enigma valiera más pisotearlo que darle solución.

martes, 4 de agosto de 2015

Ciencia ficción contra divulgación de la ciencia, un axioma de Chimal (Carlos)





1. En el cuento “Las doradas manzanas del sol” (1953), Ray Bradbury lleva a la nave proveniente de una tierra agonizante a los lindes del sol. Para salvar a la humanidad los astronautas rellenan una copa con el energético magma de la estrella. Al poner rumbo de vuelta a su hogar con tal carga, el capitán señala que se dirigen al “Norte”. En la novela Solaris (1961) de Stanislaw Lem, el astronauta que despega hacia un destino del que nadie ha regresado, lleva apretada en su mano la llave de su casa.

Coloco estos dos ejemplos con el ánimo de señalar dos aspectos del subgénero que llamamos “ciencia ficción”: por un lado, su fe en que el conocimiento humano hará del Cosmos una parcela en la que podremos orientarnos con los meros puntos cardinales. Por el otro, la  manera en que la ciencia ficción hace evidente que nos aferramos a las viejas nociones (por pequeños que sean los amuletos que nos brinda) ante el enemigo formidable  que es el Universo a la hora de vender sus secretas leyes.

Entre ambos extremos, la ciencia es la protagonista. La ciencia es el camino, nos dice la CF, pero también la ciencia está limitada por humana, y todo lo que nos queda cuando fracasa es el valor de nuestra humanidad.

O algo así.

2. En ningún caso (fuera de que nos refiramos en concreto a la Cientología) la ciencia ficción ha intentado hacerse pasar por ciencia o por realidad, o ha creído que está por delante de la ciencia.

Hugo Gernsback concibió al género en el primer editorial de su revista Amazing Stories (1926). Ahí estipuló que una buena historia de ciencia ficción se componía de “75% literatura entretejida con 25% de ciencia”.

Quizá este porcentaje estaba en la mente de Carlos Chimal cuando concedió, hace una semana, una entrevista para el sitio Aristeguí Online a propósito de la aparición de su más reciente libro de divulgación científica. 

Al parecer para Chimal (Carlos) la CF no cumple con ese 25% de ciencia dura y es “una tomadura de pelo”, si bien deja claro que los escritores que deseen pertenecer a los “pocos autores valiosos” del género deben incluir “una metáfora”. Nada más una.

La literatura fantástica, ahí mismo, es “otra chifladura”.

3. Como calvo y nostálgico del lenguaje que soy, aplaudo el uso de los epítetos “tomadura de pelo” y “chifladura”, pero me temo que hasta ahí.

Chimal (Carlos) demuestra problemas con lo que entiende por CF y literatura fantástica (a las que aparta la una de otra). Para él, autores como Houllebecq y Rosa Montero “han comenzado a hacer cosas de anticipación científica”. Anticipación es uno de los tantos términos que algunos cultores de la CF han usado para intentar sacudirse la fórmula de Gernsback (al igual que “literatura especulativa” y tantos otros).

Han comenzado a hacer cosas de anticipación científica: hace 5 años que Rosa Montero publicó “Lágrimas en la lluvia”, una continuación de “Blade Runner”, la película de Ridley Scott (vagamente basada en una novela de ciencia ficción “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas” de Phillip Kindred Dick). Michel Houllebecp publicó en 1998 “Las partículas elementales”, que en su tramo final especula sobre la unión de las teorías cuánticas, las nuevas tecnologías y el sexo. Y antes, mucho antes, escribió una biografía/ensayo sobre HP Lovecraft (en ella, hay que mencionarlo, no considera al dandy de Providence un mero pasatiempo).

Para Chimal (Carlos) el prestigio de la ciencia ficción no reside en sus méritos, si no en la altura editorial de los nombres que figuren en la portada: Montero y el francés, como todo autor serio, al tocar la ciencia ficción, la convierten en “anticipación”. 

Eso sin mencionar que no parece muy al día en sus lecturas de autores serios.


4. En realidad, ahora que el futuro nos ha alcanzado y nada es como debió ser (la tecnología no ha salvado al mundo del hambres, y  se va afianzando como una herramienta para el sometimiento y la exclusión), la ciencia ficción es una gran herramienta de discusión científica.

“La ficción especulativa es uno de los laboratorios literarios más productivos y estimulantes. En sus dominios de luz y silicio la ficción se muestra menos temerosa de experimentar con estructuras narrativas, usos del lenguaje y, en algunos casos, la creación de formas comunicativas que permitan contar la historia: desde jergas imaginarias, hasta plataformas para interactuar con la obra”.

La ciencia ficción sabe de sus deudas con la ciencia, pero no hace ciencia (acaso un ejercicio de epistemología). Sus esfuerzos con el pensamiento y el lenguaje van en otro sentido.


5. Chimal (Carlos) no ahonda en ninguno de sus rabioso axiomas. Tampoco da las razones que lo llevan a considerar que Carl Sagan está “obsoleto”. Tampoco profundiza en su certeza de que, en lo que se refiere a la ciencia, “no hay fuga decerebros” en México, (Algo que me parece realmente escandaloso.)

Me temo que el divulgador se ha convertido (involuntariamente) en un ejemplo de los problemas que enfrenta la divulgación científica en medios que privilegian el rating y los clics por encima del contenido. No hay nada que genere más visitas que una declaración políticamente incorrecta (o perfectamente alineada) como afimar que la ciencia ficción es una pendejada. 

El notero eligió un encabezado jalador, y en la entrevista se cuido de evitar menciones sobre la ciencia (que cómo aburre a los chavos, ¡caray!). Al parecer, tampoco tuvo tiempo de ordenar el libre flujo de la ideas de Chimal (Carlos), ni nos dice de qué trata el libro que motivó la entrevista. No cumple con un 25% de periodismo.

Chimal (Carlos) se queja en la entrevista de que no hay clásicos de la divulgación científica. Los hay, claro, pero no hay lugar para ellos en los medios a los que ha confiado su cháchara. Sólo les importa lo que genera trafico: notas sobre los hallazgos de vida en Marte (una vez al mes, por lo menos), más evidencias de que este universo que habitamos es un holograma o la nueva ecuación del cientificojaponésquetrabajóconlaNASA que demuestra la existencia de Dios.

Hace un par de años fuimos a una muestra en el Museo de las Ciencias de la UNAM que exhibía cuerpos humanos plastificados y seccionados para mostrar el juego de músculos y huesos en juego al lanzar una jabalina o dar a luz. Pequeños carteles explicaban someramente los pormenores médicos y anatómicos de cada pieza. Había que acercarse mucho para leerlos. En cambio, grandes frases en las paredes enmarcaban al “milagro” del cuerpo entre consejos de autoayuda y verdades del “corazón”.

La divulgación de la ciencia en México se realiza al dictado de los medios, a su lenguaje y necesidades. De no hacerlo, queda relegada a la tipografía de 10 puntos. 

Es más sencillo hablar mal de la ciencia ficción.




jueves, 19 de marzo de 2015

Sami, un perro clonado

Nunca había leído la obra de Arturo-Pérez Reverte... o tal vez lo he hecho en los espacios y libros de sus autores originales. De manera que me había perdido de toda la gama de lugares comunes sobre la masculinidad más recalcitrante, el esencialismo (los cojones como teodicea), el remix de Dumas (hijo) y los valores de la Hispania bronca con las que el autor de La Carta Esférica (y muchos otros títulos) condimenta su prosa para hacerla, no sé, más vendible y deliciosa para sus millones de lectores. 

Con estos mismos recursos el también académico de la RAE se apropió de un texto de la escritora Verónica Murguía.

En 1998 la autora de Loba había publicado una pequeña crónica sobre los eventos y la comunidad que se había formado alrededor de un perro callejero de su barrio, llamado Sami. El texto puede o no gustar, pero pertenece a su autora.

Poco tiempo después, Saltiel Alatriste (acusado de toda una multitud de plagios contra otros autores en años pasados, al punto de que su nombre se ha convertido en una especie de broma pesada cuando se habla de citas no reconocidas) le pasó, le contó, le enjaretó a Pérez-Reverte el texto de Murguía (esto último no queda claro pues como alter egos de valientes espadachines  uno y otro se echan la bola: Pérez-Reverte como un jefe iracundo y Alatriste como un paladín de la libertad de expresión que enfrenta en un juicio injusto). 

El punto es que el año pasado se publicó un volumen recopilatorio de textos de la pluma adjudicados a Pérez-Reverte sobre perros e hijos de puta o algo así.  Y entre ellos se encuentra "Un chucho mejicano", texto en el que Alatriste y el escritor español se curan en Herradura para contar la misma historia del perro que Murguia, sólo que con pegotes al texto original de la más pura cepa corsaria, al punto de que uno espera que en este remix se desate un duelo en la veterinaria para vengar el ojo suprimido del protagonista.

Murguía ha reclamado el plagio, y pedido de parte de Pérez-Reverte una disculpa y el retiro del texto de su libro, o en su defecto la donación de una cantidad a un refugio para perros. El español pasó de responsabilizar a Alatriste por el entuerto (“Me lo contó Saltiel” ya es un himno que sustituye las nociones de intertextualidad) a calificar a Murguía de irresponsable por hacer público semejante disparate.

Pérez-Reverte ha sido acusado en diversas ocasiones de plagios, no sólo de pequeñas columnas si no de guiones enteros. Sorprende que en la  Real Academia le hayan asignado una letra y no el lugar de la fotocopiadora. 

Para dejar constancia de lo fundado de la acusación de Verónica Murguía, Raúl Herrera realizó un empalme de ambos textos. y la editora Laura Lecuona señaló en esta versión las semejanzas y calcos en el texto de Pérez-Reverte:




No han faltado aquellos que minimizan el hecho con la cantaleta de que Paz plagió a Fulanito y menganito se aguantó, que la copia es un recurso literario validado por Borges, pero estas voces se escuchan cada vez que plagios salen a la luz y siempre que no les ocurren. Otros han señalado que puesto que Alatriste se lo contó a Pérez-Reverte este se encontraba en su derecho de hacer lo que le viniera en gana, según la Ley…

En fin.

No se trata de elegir bandos, si no de leer los textos, ver las evidencias y saber que (otra vez y en este país) alguien con todos los recursos y aliados hace gala de una impunidad disfrazada de orgullo en contra de una autora que sólo pedía croquetas para otros perros tuertos.


miércoles, 25 de febrero de 2015

47: Greatest Hits



Empezamos temprano, y en el desayuno cumpleañero ella quiso saber el top ten de mi vida mientras esperaba el huevo cocido perfecto de manos de un mesero con el tatuaje cubierto por una cinta color carne (es decir beige). Sacó su libretita roja y anotó, a contrapelo del noticiero a todo trapo en el televisor suspendido a nuestras espaldas, los momentos estelares de mi vida, que fueron más de diez, y menos de 47, pero suficientes para llenar una vida.

Recordé, al rebuscar por ellos en mi memoria, el episodio de Lost en el que Charlie, avisado de su muerte inevitable, escribe una lista de sus Greatest Hits. Rockero en decadencia, adicto que elude la redención y encuentra coca en las vírgenes huecas de la isla del humo asesino y los tiburones con código de barras, elude anotar sus canciones, y prefiere los momentos que lo marcaron antes que las melodías. O que hacen esa playlist que es la vida, y que se compone de oneliners que sólo aquellos que nos aman o nos amaron comprende cavamente.

Esta, pues, es la mía.




1. Tú.


2. Mis padres


3. Saris

4. Perlo

5. Leer y escribir

6. Mis amigos

7. La música y las películas


8. Jack Kerouac


9. Los peneques de mi mamá



10. Las caricaturas





11. Barcelona

12. Venado Tuerto

13. Bacalar y la SOGEM

14. Publicar


15. Los blogs


Y ahora, lo que sigue, es explicarlos para el resto de ustedes, nomás por convivir, y para que las cosas se muevan un poco por aquí.

miércoles, 21 de enero de 2015

La estanteria hipótetica

¿Para quién se escribe una novela? ¿Para quién se escribe un poema? Para personas que han leído alguna otra novela, algún otro poema. Un libro se escribe para que pueda ser colocado junto a otros libros, para que entre a formar parte de una estantería hipotética y, al entrar en ella, de alguna manera la modifique, cambie de lugar a otros volúmenes o los haga pasar a segunda fila, reclamando que pasen a primera fila algunos otros.
(...) En todas las épocas y sociedades, una vez establecido un cierto canon estético, un modo determinado de interpretar el mundo, una determinado escala de valores morales y sociales, la literatura puede perpetuarse a sí misma mediante sucesivas confirmaciones y algunas actualizaciones y profundizaciones. Pero a nosotros nos interesa otra posibilidad de la literatura: la de poner en discusión la escala de valores y el código de los significados establecidos.
La labor de un escritor es tanto más importante cuanto más improbable sea aún la estantería ideal en que quisiera situarse con libros que aún no están acostumbrados a estar colocados junto a otros y cuya proximidad podría producir descargas eléctricas, cortocircuitos.

Italo Calvino

Mi lista de blogs

El laberinto de los pájaros

Bienvenidos

Este es el blog de Óscar Luviano. .


Seguidores